El pasado estuvo regido por la transparencia. Planeamiento claro; podía mirar con la frente en alto y responder honestamente. Exhibía con orgullo la perfección que me había vendido la sociedad. Los planes trazados no me pertenecían, me dejaba empujar por las fuerzas de un otro que manejaba mis riendas y me había colocado con dulzura las negras anteojeras.
No lo niego, fui feliz. Creí en su construcción ideal; en el cuento de hadas fui su princesa, su reina, su puta, su dama, su todo. Y todo le otorgué, con los ojos cerrados y mis manos sobre las suyas. Él correspondió mis entregas, pero algo no fue suficiente.
Aprendí a desdoblarme. Comencé un camino oscuro con el que teñí los blancos lienzos que me auguraba el futuro. Los rasgué; él los remendó y me cobijé con sus retazos. Poco duró el calor que brindaban y las grietas consiguieron abrirse a pesar del fuerte hilo dorado que intentó curarlas. La oscuridad se adueñó de los jirones para hacerlos desaparecer, aunque se encaprichó con marcarme. La línea de oro sigue a mi lado, cual anclaje eterno a ellos, para recordarme épocas pasadas que no se repetirán.
Hoy soy otra.
Poemario zoológico (95)
Hace 11 años

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