Paraditos y en fila. Así los formo, con nombre y apellido; figuras de papel montadas sobre plásticas formas premoldeadas de exhibición. Sonríen, muestran las perlas y sus mejores perfiles. Curiosamente ninguno deja ver la espalda: el venir está impuesto por la sociedad como la mejor manera de obtener el objeto de deseo, mientras que el ir quedó condenado al segundo puesto.
A pesar de los límites del campo, se observa multiplicidad. Cuando las opciones son abundantes pero ninguna convence, no elegís: descartás, para luego conservar la menos peor. En el juego vas volteándolos, como tachando de una lista las acciones realizadas o los territorios conquistados. Con sólo dar un paso, chasquear los dedos o tipear cinco letras obtenés la satisfacción momentánea que otros anhelan. Pero este año será diferente: en mi caso, decidí revolear bien lejos el tablero y dejar de jugar.
Me despedí de todos ellos. Mail, DMs, mensajes de texto, conversaciones por chat y del que no lo hice de manera virtual, lo efectué en forma mental, porque las palabras estaban de más. Tanta formalidad para algo tan simple como bajar la persiana hasta mucho más de la mitad, dejando un poquito de distancia del suelo para que corra el aire.
El 2010 me contempla como a un témpano de hielo: ellos no serán ni mi vicio ni mi guía, menos que menos mi compañía, lejísimos están de ser mi motor o motivación. Las satisfacciones vendrán por mi parte.
He dicho.

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